lunes, 26 de septiembre de 2011

UN VIAJE HACIA LA UIS...

En mi vida siempre han habido planes, a corto o largo plazo, uno de tantos que he tenido o que me propuse, fue ingresar a la UIS; en el bachillerato soñaba con ingresar a esa universidad, solo a esa, nos visitaban varias instituciones promocionando sus carreras, las oportunidades de pago que nos beneficiaría si aceptabamos ingresar, pero no, yo solo quería la UIS, pues era la que siempre había escuchado mencionar por mis primos mayores y mis papás, decían: -si quieren ser alguien en la vida tienen que pasar a la uis, es la de los pobres, acomódense a ella -obvio no había duda de que era la mejor, pero como todo adolecente, yo soñaba con estar en el espacio o habriendo cuerpos y separando sus partes, cosa que no era nada mal para mi mamá, sino que ella sabía que eso no lo había en la UIS, entonces la idea era mirar las opciones que me ofrecía la univerdidad y así tomar una buena decición sobre qué quería estudiar, en fin ,así lo hice y aquí estoy, en la UIS, en ese gran palacio que siempre soñé, como en los castillos de princesas con los que toda niña añora tener en su infancia, sin embargo, entre buenas experiencias, grandes amigos, maestros y nuevos saberes, nunca faltan los parciales o exposiciones tortuosas, profesores jartos e incluso compañeros fastidiosos que nos complican un poco la vida, aunque son pocos y distantes a mí, claro.
Pero, hay una faceta esencial en esta etapa que considero pertinente compartirles ya que es tan repetitiva y vivida a diario en la ruta hacia la UIS.
Como todos los días me levanto media hora tarde, sin importar si me acosté temprano el día anterior, o si tengo clase a las 6 o a las 8, siempre digo: -ayy 10 minuticos más, hoy no me tengo que bañar el pelo- a tal punto de enojarme cuendo reaxiono y veo que como todos los días ya voy tarde; hasta ahí digamos todo va bien, me alisto rápido y salgo a esperar el bus, en donde comienza toda una aventura de historias, de expresiones, de quejas o felicidades; hoy por lo menos, al llegar a la parada fue rápido que pasó el bus, por suerte alcancé a cojer puesto, lo que facilitó que no me incomodara con el- por favor colaboren si, corranse más para atrás, ahí hay campo, señora colabore,colabore-  y la otra voz que responde- no pues, póngale segundo piso señor, no ve que no hay más campo pa' donde quiere que coja, mire, mire que no quepo más- y esas voces que apoyan- sí, sí, ja que tal como él no es el que va acosado- otros van escuchando música, entre dormidos, hablando por celular o simplemente pensativos, el viaje se compone cunado se sube el vecino de otro pasajero y comienzan a adelantar agenda, incluyendo el chisme  sobre la niña de la familia que salió embarazada, el marido que nada que consigue un buen empleo, pero: -ahí vamos mija así sea con una aguepanelita nos acostamos y lo necesario no nos falta,  así transcurre todoo el recorrido y de fondo OLÍMPICAAAA GO-ZA-TE-LAAAA, SE SIENTE DICIEMBREEE... y yo...ni me queda tiempo de pensar en qué salon es que tengo la clase o de alistar el carné para ingresar a la universidad.
Cuando por fin me bajé, dige: uish esta gente si que desespero- y reflexiono: no todo resultó ser tan mágico en la UIS, más de una hora de recorrido y además con esa plaza de mercado ahí dentro, sin ofender a quienes se dedican a esa  labor,  entré a la universidad y poco a poco me fui calmando, reencontrándome con migo misma y  deseando que la clase a la que voy esté chevere, que todo me salga bien, a tal punto de engrandecerse mi pasión por la universidad, sentir ganas de estudiar y confirmar la buena desición que tomé al ingresar a esta universida, así termina uno de los tantos viajes que tengo diariamenta hacia la uis.

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