jueves, 19 de enero de 2012

DUVERLINA

¡Qué pereza, ya es viernes! Es el decir de mi parcera, quien de lunes a viernes habita en Bucaramanga estudiando no digo fuertemente, pues no vivimos todo el semestre atareados, pero sí con responsabilidad, y el fin de semana  en Aratoca, trabajando en el Parque El Panachí; esa ida y venida es toda una travesía, bastante de admirar.

Se va a las seis de la mañana, ya que debe estar a las siete en el parque, según ella alcanza a llegar, pero a mí me sorprende porque en una hora todo ese recorrido, en fin, desde que la conozco así lo ha hecho y ya van más de tres años y allá sigue; de ida es fácil se sube en una carro o bus pirata y la llevan por diez mil pesos, algunas veces un poco más, pero de venida es el sufrimiento, hay veces que hasta yo lo padezco y más cuando al día siguiente tenemos una exposición o un parcial, lo digo por lo difícil de encontrar transporte a la hora que sale, nueve de la noche.

Me ha contado que con tal de llegar  se ha venido en motos de desconocidos, carros particulares pero lo increíble ha sido en camiones y lo más loco en una ambulancia con paciente grave a bordo, todo con tal de llegar a tiempo para la clase del lunes y más, si agotada debe repasar una exposición.

Al llegar a la universidad comienzan a rodar las historias, primeros las mías que son las más normales, pues yo también trabajo en esos días y luego vienen las de ella, que siempre logran asombrarme hasta conseguir carcajadas al oírla.

Así es el diario vivir de mi amiga que debe organizar la semana para preparar lo que la universidad le exige, pero deben ser en esos cinco días, porque para ella no existe sábado y domingo; muchos se sorprenden: ¡cómo ella hace lo que yo ni alcanzo en siete días!, no es la chica súper poderosa ni nada por el estilo y la idea tampoco es alabarla, es solo dar a conocer los esfuerzos por los que pasa una estudiante de la UIS, que como muchos estudiantes se olvidan de la parranda, el cine y el parche y no porque sean mojigatos, sino porque como otra gran mayoría buscan salir adelante…


¿Y LA HIJA?

Por la mañana el sol los lleva y por la noche la luna los ve llegar; es el día a día de mis padres, de mis vecinos y a veces hasta del mío, todos con distintas funciones pero con un mismo objetivo: buscar el sustento diario.
Marina, es una de estas personas luchadoras, que la sudan, como dicen en mi casa, para salir adelante; ella es empleada del servicio, un oficio bastante común y de admirar, pues aguantarse el temperamento, las órdenes de otros y su desorden no es tarea fácil, sin embargo, el oficio de Marina tiene cierto aspecto que sale de lo común; como cualquier empleada cocina, lava, merca y hace cualquier otro oficio de la casa, en este caso la de mi vecina, Doña María, no obstante, he visto en ella un profundo afecto por una de las hijas de su patrona y en ésta, una indiferencia total.
Esa situación me causó intriga por eso decidí entrar en el oficio del chisme, indagando con mi mami y con la señora de la tienda me enteré que Tatiana, la niña pequeña de la casa, no es realmente la hija de la patrona, sino su hija, que ella llegó a la casa con la bebé casi recien nacida y que además, es familiar de la patrona, es prima como de segundo o tercer grado.
Conociendo la historia de la señora mi curiosidad no se terminó, por el contrario mi intrigaba el hecho de por qué la niña la llamaba Marina y no Mamá como debía ser y así mismo, por qué doña María no la trataba como lo que ella era, su pariente; esa situación que rodeaba a Marina me llevo a considerar que su labor en esa casa era bastante extraña y misteriosa, de lo contrario cómo se explicaba que ella fuera la empleada de su propia hija; lo ideal sería que yo fuera y propiciara una amable conversación con la señora para que ella compartiera conmigo su historia, pero cómo lo hacía si ella siempre había tenido un genio bastante fuerte.
Entonces, decidí de nuevo acudir a la señora de la tienda, me enteré que la niña le decía mamá a doña María, porque ella era quien la había criado, la que asumía los gastos del colegio, la comida, la educación formativa, etc, cuando  serían realmente primas de quinto grado si es que eso existe; pero y entonces en dónde queda los sentimientos de la empleada, su autoridad frente a quien es su verdadera hija, en fin, todo lo explicaba que fuera una señora del pueblo, sumisa a la hora de defender sus derechos con los de la misma casa, porque eso sí, con los demás bastante grotesca. En lo que respecta a sus ingresos, bastante escasos, porque con eso de que le dan posada y alimentación... y la niña ahí vista por las dos pero entregada a una sola.
Bastante curioso e inexplicable cuando se trata de la propiedad con que la madre ve a un hijo, pero así lo veo yo, mientras ella ve salir el sol cuando sale por la leche a la tienda y la luna cuando entra la ropa.