Nuestra formación, gustos, pasiones son despertados a medida que vamos construyendo nuestros procesos cognoscitivos, muchos de ellos, considero, se van formando en nuestros hogares bajo la compañía de ese ser amado, que no se despega ni un momento de nuestro lado, que vive y muere por nosotros día a día, desde que nos lleva en su vientre y todavía aún más, en el momento en que decidimos buscar nuestro propio vuelo; esos intereses que motivan la compañía de nuestra madre son significativos en un mañana y de la misma manera, son reflejados en nuestra personalidad, sin embargo, muchas veces no son los más apropiados.
Ese es mi caso, aunque dejo claro el amor fundamental que me ha rodeado por parte de mis padres, quienes me han educado en una familia basada en el respeto y la responsabilidad, sin embargo, se ha puesto en práctica ese dicho: "de lo que recibo doy", mi madre creció viendo novelas y de la misma manera crecí yo, en donde el momento en que no lo hacía el juego indicado para llenar ese espacio era actuar, imaginar lo que en ellas se vivía, pero nunca optar por buscar un libro, palparlo, analizar qué había en él; así llegué a la escuela, Concentración Dangond, caracterizada por la sistematización de conducta, de la presentación, en donde aún se me era desconocido saber que tenía un libro, cómo era, qué podía llegar a lograr en mí para que mis primos mayores, los ya titulados me dijeran tanto: "el éxito de la vida se encuentra en la lectura", pero para mí eso era insignificante, el entorno que me rodeaba no lo exigía, entonces consideraba: ¿para qué me complico la vida con ese bloque de hojas?.
Estando ya en el colegio, " Instituto de educación media diversificada INEM", cambió un poco el panorama, ya mis profesores comenzaron a señalar la problemática que se vivía con la lectura, ya que no era vivida por nosotros los estudiantes, ahí descubrí que no era un problema sólo mío, sino también, era el de todos, a ninguno nos gustaba leer, entonces: qué hacemos para las tareas, cómo respondemos el taller, llegando a la conclusión más obvia: alquilar la película, de esa manera cumplí con mis obligaciones por mucho tiempo, porque eso era para mí una obligación.
Con el tiempo, aproximadamente en décimo o en undécimo, comencé a descubrir la pasión que hay detrás de un cuento, de conocer el drama que viven los personajes de una tragedia, de ver el amor, las aventuras, las discusiones al conocer una novela, pero ya no por medio del televisor, sino sumergirme en las letras de un libro, eso me llevó a releer o mejor, leer de verdad, a conciencia esos libros que me exigían mis maestros en los años anteriores, y a aprender la experiencia tan maravillosa de conocer otros mundos, de pronto irreales, imposibles de lograr, pero que despejan mi mente y me ayudan a saber valorar lo verdaderamente significativo y lo cual si se merece mi mayor dedicación.
Así es como llegué a enfrentarme a un libro, a desmenuzarlo y amar lo que en él se vive.